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Sí, pequeño, aunque fueron los mismos hombres quienes se
autodestruyeron. Ellos con su ambición destrozaron un trabajo de
millones de años. Llegaba a tanto su ambición por esos papeles y
metales que mataban a otras personas por conseguirlo.
- ¿Qué dices mamá? ¿Matar?
-
Sí, matar. Pero hay muchas formas de hacerlo. Algunos lo hacían
directamente y a sangre fría: una muerte rápida para robarle apenas
algunos miles de pesetas. Pero había una muerte mucho peor, más cruel y
despiadada, muy lenta y agobiante: la muerte en vida, y no me he
equivocado, llegó a haber gente muerta en vida. Su apariencia lo
denotaba, el sufrimiento llenaba sus venas: eran los parados. Gente sin
trabajo y, por lo tanto, sin recursos económicos, gente que sentía el
frío en sus huesos, el hambre en su piel, la desesperación, y lo peor
de todo es que no sólo morían ellos lentamente, sino que veían morir a
la par a su familia, mujer e hijos en igual agonía y tristeza, y esto
era lo que ellos no podían soportar. Los hijos veían la falta que sus
padres tenían y su, digamos, conformismo, pues para ellos no hacían
nada; entonces se echaban a la calle, era la delincuencia: cualquier
cosa antes que morirse pisados, callados, atados de pies y manos por la
sociedad. Se sentían marginados, apartados de ella, y en cierto modo lo
estaban y querían vengarse, debía haber alguna forma de hacerlo, ellos
no se podían conformar: el pie de la sociedad no los chafaría, la horca
que se les acercaba no les estrecharía, ellos no serían oprimidos,
tenían boca, debían hablar y gritaron en única voz ¡libertad!
Las
mujeres no querían ser oprimidas por los hombres. Las clases bajas
estaban cansadas de obedecer. Los ignorantes querían aprender, estaban
cansados de que su ignorancia se les echara en cara. El paro debía
acabar. Ellos querían hablar. Las grandes potencias ya no los
manejarían. Ellos sabían hablar. Nadie les podía obligar a hacer lo que
ellos quisieran. Ellos podían hablar. Hallaron el método y ellos
HABLARON. Estalló la guerra y todo se destruyó, pero de sus propias
cenizas se reconstruyó este mundo de paz y armonía. Todo vuelve al
bien.”
Silvia L.G.