¿Sociedad actual?
Hoy he encontrado un papel entre muchos en una caja de la mudanza (y eso que me mudé el agosto pasado). Es un papel muy especial... en él hay escrita una redacción que tiene más de veinte años. La escribió mi hermana Silvia y la tituló "Los problemas de la sociedad actual":
“- ¿Problemas? ¿Qué son los problemas? ¿Existen en algún lugar? ¿Son conceptos reales?
-
Sí cariño mío, hace mucho, mucho tiempo, aquí, en nuestro planeta que
hoy ves tan sumamente bello y feliz, existió una sociedad cargada de...
de eso precisamente, de problemas.
- ¿Por qué lo dices tan tristemente mamá? ¿Acaso los problemas eran cosas, cosas...?
-
¿Malas? Sí hijo sí, sé que hoy en día cuesta mucho de pronunciar esa
palabra porque lo malo, la maldad, no existe, no la vemos reflejada en
ningún punto de nuestra vida, pero en aquel tiempo era una realidad tan
palpable y constante que se convirtió en hábito, en costumbre de
personas desaprensivas que disfrutaban con ella.
- ¿Desaprensivos?
-
Sí, desaprensivos, personas que no dudaban ni tan siquiera un instante
en hacer mal a cualquier otra persona con tal de sacar para ellos algún
provecho, a veces, sólo por dinero.
- ¡Dinero! Sí, hace dos semanas
hablamos en clase de él. Creo que era un utensilio para obtener lo que
se necesitaba para vivir, pero en un principio resultó muy beneficioso.
¿Por qué desapareció mamá? Cuando lo pregunté el profesor cambió la
expresión de su rostro y muy serio dijo: "- Pasemos a explicar el
problema de matemáticas que nos quedó pendiente" ¿Por qué?
- Verás
hijo, es difícil de explicar el porqué y son pocos los que lo conocen,
pues se teme que alguien quisiera restaurar la decadencia y perversión
de aquella sociedad. Como tú has dicho el dinero empezó muy bien como
instrumento de compra venta, pero con el tiempo la gente creyó ver en
él la fuente de la felicidad, lo ambicionaba, lo deseaba con todas sus
fuerzas y hacía lo que estuviera en su mano por conseguirlo, sin
detenerse ante ningún obstáculo. Lo malo era que una vez conseguían un
poco, no podían parar y seguían y seguían, querían más y más. Él fue el
causante de la destrucción de aquella sociedad.
- ¿Un simple trozo
de papel, mamá? ¿Una simple moneda, metal basto y poco atractivo, fue
capaz de destruir toda una organización social, toda una armonía de
personas?” (continúa...)
“-
Sí, pequeño, aunque fueron los mismos hombres quienes se
autodestruyeron. Ellos con su ambición destrozaron un trabajo de
millones de años. Llegaba a tanto su ambición por esos papeles y
metales que mataban a otras personas por conseguirlo.
- ¿Qué dices mamá? ¿Matar?
-
Sí, matar. Pero hay muchas formas de hacerlo. Algunos lo hacían
directamente y a sangre fría: una muerte rápida para robarle apenas
algunos miles de pesetas. Pero había una muerte mucho peor, más cruel y
despiadada, muy lenta y agobiante: la muerte en vida, y no me he
equivocado, llegó a haber gente muerta en vida. Su apariencia lo
denotaba, el sufrimiento llenaba sus venas: eran los parados. Gente sin
trabajo y, por lo tanto, sin recursos económicos, gente que sentía el
frío en sus huesos, el hambre en su piel, la desesperación, y lo peor
de todo es que no sólo morían ellos lentamente, sino que veían morir a
la par a su familia, mujer e hijos en igual agonía y tristeza, y esto
era lo que ellos no podían soportar. Los hijos veían la falta que sus
padres tenían y su, digamos, conformismo, pues para ellos no hacían
nada; entonces se echaban a la calle, era la delincuencia: cualquier
cosa antes que morirse pisados, callados, atados de pies y manos por la
sociedad. Se sentían marginados, apartados de ella, y en cierto modo lo
estaban y querían vengarse, debía haber alguna forma de hacerlo, ellos
no se podían conformar: el pie de la sociedad no los chafaría, la horca
que se les acercaba no les estrecharía, ellos no serían oprimidos,
tenían boca, debían hablar y gritaron en única voz ¡libertad!
Las
mujeres no querían ser oprimidas por los hombres. Las clases bajas
estaban cansadas de obedecer. Los ignorantes querían aprender, estaban
cansados de que su ignorancia se les echara en cara. El paro debía
acabar. Ellos querían hablar. Las grandes potencias ya no los
manejarían. Ellos sabían hablar. Nadie les podía obligar a hacer lo que
ellos quisieran. Ellos podían hablar. Hallaron el método y ellos
HABLARON. Estalló la guerra y todo se destruyó, pero de sus propias
cenizas se reconstruyó este mundo de paz y armonía. Todo vuelve al
bien.”
Silvia L.G.
